CRÓNICA. Una pequeña guerra de independencia (lectura dramatizada)

‘Una pequeña guerra de independencia’ es el título de la tercera obra que se presentó dentro del programa de lecturas dramatizadas del Festival Sala de Parto. El texto fue escrito por Cinthia Delgado, y la dirección de la lectura estuvo a cargo de Nishme Súmar.

La propuesta de la directora se acerca a la representación de un ensayo con mínimos recursos de producción. La distribución del espacio escénico es clara y se encuentra definido a partir de los elementos que en él se ubican. El sillón y la lámpara dispuestos hacia el centro del escenario se contrastan con la marginalidad de las cuatro sillas posicionadas en las zonas laterales. Estas últimas servirán de lugar de espera para los actores que se encuentren fuera de escena.

Asimismo, el desplazamiento de los intérpretes permite definir con claridad la distribución del espacio ficcional -una sala, la puerta de ingreso, el acceso hacia el patio posterior-.

‘Una pequeña guerra de independencia’ propone la historia de una familia que busca independizarse del sistema de agua potable. El viejo sueño del padre, viudo y jubilado, se hace realidad cuando su hijo pone a funcionar una máquina que él mismo ha construido. El éxito inicial de su propósito los hace decidirse a solicitar la cancelación total del servicio doméstico. Pero, cuando se dan cuenta que ello acarrea nuevos inconvenientes inician una lucha por solucionarlos.

Sin embargo, cada nueva acción que la familia emprende tiene como objetivo solucionar los problemas que la decisión anterior trajo consigo. Así, paulatinamente se presentan situaciones más extremas, en una huida hacia adelante que busca desesperadamente liberarse de la dependencia y explotación de las empresas de servicios.

Esta progresión del texto genera que el tono coloquial y naturalista del inicio tenga virajes hacia la farsa, la sátira y el absurdo; todo ello en clave de comedia.

‘Una pequeña guerra de independencia’ juega con la oposición entre el deseo de una vida auto sostenible y el sometimiento a las reglas del sistema. Esta pugna, llevada a cómicos extremos por el padre y el representante de la empresa proveedora, se convierte en una lucha entre la utopía libertaria y el totalitarismo empresarial.

Cinthia Delgado ha escrito un texto que progresa con una lógica coherente y un humor absurdo. Diseña personajes entrañables que alimentan sus virtudes unos a otros. Nishme Súmar le añade a ello un pulso eficiente y el importante detalle de que los actores lean todas las acotaciones. Este hecho permite que, además de imaginar detalles que requieren de un planteamiento escenográfico complejo, los intérpretes consigan generar un estado de complicidad inmediato con el público.

Debe destacarse además el carisma y ritmo impuesto por los actores, quienes -según palabras de Ricardo Velásquez- consiguieron sostener este texto a partir de 4 sesiones de ensayo.

‘Una pequeña guerra de independencia’ es una comedia que refiere a varios temas de actualidad: la búsqueda de nuevas formas de sostenibilidad, la tiranía de las empresas de servicios, el trato preferencial que los gobiernos tienen para con ellas.

Aunque quizá -como mencionara Ricardo Velásquez en el conversatorio posterior a la función- le haga falta, y sin perder el sentido del humor, un señalamiento sobre la ausencia de servicio de agua en grandes franjas del territorio nacional y local.

(*) Imagen tomada de aquí.

Dramaturgia: Cinthia Delgado.
Dirección: Nishme Súmar.
En escena: Emanuel Soriano, Ricardo Velásquez, Pold Gastello, Mónica Ross.

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Comments
  • Alonso Alegria
    Responder

    Principalmente de acuerdo con todo lo escrito por el comentarista, discrepo en su elogio a la lectura de las acotaciones (aquellas que fueron escogidas para leerse, que no son –ni de lejos– todas las acotaciones que el texto contiene). La lectura de algunas de las acotaciones leídas redunda con el texto que le sigue, por un lado, y por otro lado elimina el efecto buscado por la autora (como cuando tres personajes simultáneamente dicen SILENCIO, anulando el efecto de haber guardado ese silencio). En una lectura en pie, texto en mano, como la que presenciamos, este efecto resultó tolerable. Pero en montaje completo, con texto memorizado, sería insoportable.

    Y por otro lado discrepé entonces –y vuelvo a discrepar ahora– en el elogio a los actores que implica haber podido “sostener este texto a partir de 4 sesiones de ensayo”. La cosa es al revés. Es el texto el que pudo sostener a los actores con sólo “4 sesiones de ensayo”. Y los resultados hubieran sido los mismos con sólo dos sesiones. Y hasta con una sesión, como hacemos en VIVERO DE DRAMATURGIA.
    Si el texto es bueno, es teatral, es actoral,no hace falta más que darle voz apropiadamente. Porque es el texto lo que impulsa y les da la vida a los actores. No al revés.

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