
En el teatro Juan Julio Wicht de la Universidad del Pacífico se presentó ‘Creoenunsolodios’, montaje dirigido por Nishme Súmar a partir del monólogo escrito por el italiano Stefano Massini.
El texto narra la historia de tres mujeres que, sin conocerse, comparten un territorio y un drama común: la violencia del conflicto palestino-israelí. Massini presenta los paralelos entre las vidas de una joven estudiante palestina, quien se entrena para convertirse en una mártir terrorista; una profesora judía, partidaria del diálogo con los palestinos; y una soldado norteamericana, destacada en Israel.
La estructura del texto presenta tres características principales. La primera ha sido mencionada en el párrafo anterior, los paralelos entre los tres personajes. Éstos muestran la manera en que ciertas situaciones específicas afectan la vida de cada una de estas mujeres. La segunda, es que el texto inicia exponiendo su desenlace: la muerte de dos de las protagonistas en una fecha determinada. A partir de esa información el desarrollo de la obra se basa en conocer cómo se llega a este final ya expuesto. La tercera, es la virtual ausencia de acción. Pues la gran mayoría de los monólogos son compuestos por narraciones, descripciones y reflexiones.
El ‘Creoenunsolodios’ de Súmar es interpretado por tres actrices, cada una de ellas representa a un personaje. Ellas habitan un espacio escénico donde se encuentra una gran mesa y dos sillas. Estos elementos serán la metáfora de un territorio común y de desencuentro. Pues, pese a la convivencia física en el escenario y la interacción – en muchas ocasiones simultánea – con los mismos elementos, cada personaje desarrolla su discurso sin vincularse con el otro.
Esta contradicción es oportunamente explotada por la directora para la construcción de imágenes de gran teatralidad que refuerzan el conflicto latente entre los personajes. Así, ‘Creoenunsolodios’ propone la presencia de distintos códigos escénicos y el aporte de otros lenguajes a fin de fortalecer el discurso del montaje.

De esta manera, al despliegue de acciones físicas, el uso de elementos de gran volumen, o la composición de imágenes durante el desarrollo de cada monólogo, se suman a la presencia de impresionantes proyecciones de video de indudable belleza estética; los cuales -ubicados en el fondo del escenario- son utilizados, mayoritariamente, como aporte incidental a las escenas.
Estos elementos visuales entran en diálogo con la propuesta rítmica del montaje. ‘Creoenunsolodios’ propone un ritmo de tensión. Sus continuos silencios -varios de los cuales son acompañados por videos-, sus tránsitos entre escenas, ‘alargan’ el tiempo y acumulan expectativa. Esta tensión se ve fortalecida por una propuesta de luces tenues, con abundancia de claroscuros, además de un impecable diseño sonoro que – apoyado por la acústica y calidad técnica del espacio – proyectan una estética de sensorialidad al espectáculo.
Así, el texto, las interpretaciones y la parafernalia teatral, componen escenas de gran impacto por su contenido dramático y su potencia estética.
Sin embargo, la suma de estos elementos no consigue el mismo efecto cuando se evalúa el montaje en su totalidad. Esto, aparentemente, se debe a la manera como se administra la tensión durante la puesta en escena. Pues, la tensión dramática y el ritmo del texto -sostenido en la narración- se suma a las ya mencionadas tensiones de la apuesta rítmica del montaje – junto a las de las propuestas sonora y lumínica -.
Esta tensión acumulada, junto a la cadencia del montaje, encuentran pocos espacios para administrarse de una manera distinta; llevando a la puesta en escena hacia un estado donde redunda en la aplicación de los elementos que la potencian.
Esta percepción se ve fortalecida por la manera en la que se resuelve la última escena; a la cual le corresponde ser uno de los puntos de fuga de la tensión. Así, si el carácter del primer atentado fue la contención devenida en sorpresa, el del segundo fue la intensidad intervenida por el silencio. Pero, el tercero y final no define con claridad cuál es su carácter y soporte; pues los gritos y desplazamientos (cambiados luego por la acción con una tela) que acompañan al texto no consiguen redondear la escena. Por el contrario, generan ruido y distracción.
‘Creoenunsolodios’ es un montaje que, a través del texto, propone una mirada humana –y políticamente correcta frente a lo que hoy es un genocidio– del conflicto palestino-israelí. Dos posiciones antagónicas que conviven en un mismo espacio permiten acercar al público a los complejos matices de este conflicto.
Este montaje propone su construcción a partir de la presencia de diversos lenguajes y códigos escénicos. En algunas ocasiones logra concretar propuestas potentes y efectivas. En otras -como el caso de la presencia de la gran tela o el uso de un ambiente detrás del escenario- deja la sensación de procesos inconclusos y de abuso de la presencia de efectos.
‘Creoenunsolodios’ apuesta por la densidad rítmica y la construcción estética y sensorial a partir del video, el diseño sonoro y la luz. Su coherencia estética le permite concretar escenas y momentos de muy alto nivel dramático, pero le resta potencia como unidad. Ello, sin embargo, más que motivo de crítica -en tanto juicio negativo- invita al reconocimiento de los riesgos asumidos por la directora en su búsqueda de construir la puesta en escena.
(*) Imagen tomada de aquí.
Dirección: Nishme Súmar.
En escena: Jely Reátegui, Urpi Gibbons, Karen Spano.
Dramaturiga: Stefano Massini.
Asistente de dirección: Diego Gargurevich.
Dirección de arte: Ana Chung.
Diseño Sonoro: José Balado.
Realización de video e imágenes: Germán Tejada.
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