
En el teatro del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico se viene presentando ‘Ciudad Cualquiera’, obra escrita y dirigida por Renato Fernández.
‘Ciudad Cualquiera’ está compuesta por las historias de diferentes personajes que conviven en la misma ciudad. Así, se expone lo que le sucede al ‘chico que extrañaba pero al que no extrañaron tanto’, a la ‘abuela que no fuma (pero ahora sí)’, al ‘viejo de 25 años’, al ‘último romántico (que ya no lo es)’ o a la ‘psicóloga deprimida’; entre otros.
Estas historias acontecen en el lapso ficcional de una semana, tiempo que transcurre entre que ‘el profesor más querido’ anuncia su futuro suicidio en la plaza principal de la ciudad y el día que debe cumplir con el acto.
El montaje se vale de la presencia de cinco actores-narradores, quienes alternan la narración y contextualización de las situaciones de cada personaje con la interpretación de las mismas. Así, cada intérprete cumple más de un rol durante la puesta en escena.
Para ello se plantea una convención que queda clara desde el inicio de la obra: los intérpretes ingresan con un vestuario neutro -como si fuera su indumentaria cotidiana- y cada vez que deben interpretar a algún personaje portan una o dos prendas que sirven para identificarlos.
Esta alteración en el vestuario es visible para el público, ya que los elementos a usar se encuentran sobre dos mesas ubicadas a ambos lados del escenario. Así, reducida la parafernalia y expuesta la transformación, el rol de los intérpretes cobra mayor importancia; especialmente a partir de la exigencia actoral que demanda las visibles transiciones entre un rol y otro.
La propuesta escenográfica también refuerza la decisión de centrar la atención en el trabajo del actor. Y es que en ‘Ciudad Cualquiera’ el espacio escénico se compone de un piso a dos niveles, una escalera que no va a ningún lado y una pared de fondo; todo en color amarillo.
La ausencia de mayores elementos -salvo algunas sillas que entran y salen de escena- sobre los dos niveles del piso facilita la creación de las convenciones para la ubicación de las historias en los diferentes espacios ficcionales (casas, parque, calles, etc.).

Las formas y los colores de la estructura escenográfica imprimen una doble lectura simbólica. Por un lado, la escalera de fondo y el color amarillo invitan a identificar a esta ciudad cualquiera con Lima. Pero, además, el tono juguetón de la estructura escenográfica refiere a un ambiente infantil, tierno, (pre) escolar.
Esta última interpretación se alimenta del estilo amable -al límite de la condescendencia- que impone la narración y de la propuesta lúdica de los nombres de los personajes.
Dicho esto, se puede afirmar que ‘Ciudad cualquiera’ se sostiene notablemente desde las interpretaciones, la propuesta escenográfica y las decisiones de la dirección. Logra, con solvencia, poner en escena un texto complejo que alterna narración y representación.
Sin embargo, las exigencias de la propuesta dramatúrgica proponen más de una reflexión.
Y es que ‘Ciudad cualquiera’, a partir de fragmentos, logra construir una gran atmósfera. Una atmósfera misteriosa, lúdica, infantil, reflexiva y, a la vez, contenedora de varias historias que componen la historia de un lugar.
El texto se sostiene en las características del lenguaje narrativo. Una narración que acumula situaciones a partir de personajes que llegan a ser entrañables. Y, desde ese lugar la dramaturgia asume el riesgo de, al abrir tanto su abanico de anécdotas y personajes, al ampliar tanto sus referencias, no concretar una única historia o reflexión. O perdiendo ritmo.
Y es que al no contar con una historia, anécdota o personaje que la sostenga en el tiempo -aunque las historias de la pareja de jóvenes y la del profesor suicida lo pretendan- la obra llega a un punto donde inevitablemente se siente larga y la atención decae.
Este, evidentemente, es un riesgo que asume el dramaturgo-director. Así, la obra apela a que cada espectador pueda recoger las ideas que lo impacten mejor, aún bajo la posibilidad que éstas se diluyan en un cúmulo de frases bellas, inteligentes y tiernas.
‘Ciudad cualquiera’ es una propuesta inteligente y arriesgada. Con un aura que evoca a ‘Historia de Cronopios y de Famas’, de Julio Cortazar, reflexiona sobre el amor, el entendimiento, la incomprensión, la soledad, la necesidad de imaginar, la trascendencia, la vanidad. Lo hace también sobre la vida y la convivencia urbana, expone el modo en que diferentes vidas se conectan brevemente entre sí, los momentos de notoriedad social -vergonzosa o trascendente-, y la forma en que un personaje puede ser querido y respetado o resultar invisible para los demás.
(*) Imagen tomada de aquí.
Dramaturgia y dirección: Renato Fernández.
En escena: Giovanni Arce, Andrea Luna, Óscar Meza, Marcello Rivera, Vanessa Vizcarra.
Asistencia de dirección: Eliana Fry García Pacheco.
Diseño de escenografía: Ana Chung.
Diseño de vestuario: Magnolia López de Castilla.
Diseño de iluminación: Mario Bassino.
Diseño Sonoro: Francisco Haya de la Torre, Erick del Águila.
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