
En la sala de Teatro Racional de Barranco se viene presentando ‘La Tregua’, versión teatral de la novela homónima de Mario Benedetti, adaptada y dirigida por Nerit Olaya.
En la obra original el autor uruguayo plantea una novela en forma de diario personal. En él, un hombre cercano a la cincuentena escribe sus reflexiones acerca de la monotonía laboral, su próxima jubilación, la distante relación con sus hijos, los vagos recuerdos de su difunta esposa. Todo ello envuelto en reiterativas cavilaciones sobre su carácter signado por el desánimo, la indefinición y la grisura.
Este universo personal se ve trastocado al conocer a una joven, veinticinco años menor que él, con la cual desarrolla una relación sentimental. Sin embargo, este nuevo escenario vital se ve interrumpido dramáticamente con la inesperada muerte de la mujer.
La adaptación dramatúrgica que propone Nerit Olaya no descuida los temas planteados en el original, pero se centra en la progresión del romance. Así, las historias paralelas son útiles tanto para plantear los antecedentes de la situación dramática -al brindar información sobre el protagonista- como para proponer descansos y variantes sobre la anécdota principal.
Y es que, al igual que en la novela, el montaje plantea una narración calendarizada en primera persona. La adaptación se apoya en la eficiencia rítmica que el autor original imprime a los largos monólogos de su protagonista. E, incluso, logra recrearla con eficiencia cuando los textos son intervenidos.
El pulso impuesto por Benedetti -poblado de figuras retóricas y sentido del humor- le otorga un halo carismático al personaje principal; el cual es aprovechado en la adaptación. Así, la apuesta narrativa se sustenta en el ritmo, la progresión de la historia y la simpatía que despierta el protagonista.
Además de los elementos mencionados, el montaje cuenta con la presencia de una actriz que se ocupa de la interpretación de los personajes femeninos (la hija, la difunta esposa y la joven pareja del protagonista). Sus intervenciones ofrecen una alternativa rítmica, a nivel sonoro y visual, ante el extenso monólogo del narrador.
Sin embargo, esta apuesta no termina de calzar adecuadamente con la propuesta integral del montaje. Esto se debe a dos razones.
La primera es que su participación, además de breve, depende permanentemente del relato del personaje masculino. Así, en la mayoría de casos es la narración del protagonista la que anuncia la intervención de la actriz. Ello, a medida que avanza el montaje, convierte su participación en un elemento predecible.
La segunda, es que la construcción de los personajes femeninos se apoya en secuencias de acciones físicas cercanas a la pantomima (el ejemplo más exagerado es el de la mujer acariciándose mientras recita textos con contenido erótico).
Y es que intentan graficar físicamente lo que las palabras ya están enunciando, por lo que resultan redundantes e innecesarias. Además de ello, entran en conflicto de estilo con la performance del actor masculino; quien expone una actitud corporal que se somete con naturalidad a los impulsos que la narración le exige.
En ‘La tregua’ de Nerit Olaya el espacio escénico es una caja negra habitada por un escritorio y una silla. En él se desenvuelve el personaje-narrador. El escritorio funge de espacio de oficina, fuera de él la narración plantea diferentes escenarios. Así, basado en la oralidad, el protagonista construye espacios e historia.
‘La tregua’ de Nerit Olaya pone en escena un clásico de la literatura uruguaya y latinoamericana. Asume el riesgo de montar un texto narrativo y lo resuelve con éxito. Su apuesta escénica es austera y efectiva. Sin embargo, ciertas decisiones de estilo debilitan su propuesta. Esto sucede principalmente con el uso del acento rioplatense -que, al no ser natural, imprime una métrica reiterativa que afecta el ritmo de la narración- y cierto nivel de pantomima -que resulta predecible y afecta una estética planteada con claridad al inicio de la obra-.
Fuera de ello, quizá la mayor deuda frente a la experiencia de la lectura del texto original resulte no haber podido conseguir un remate con la densidad psicológica y emocional que la novela imprime.