
La obra ‘Recuerdos con el señor Cárdenas’, escrita y dirigida por Patricia Romero, presentó su temporada en el teatro del Centro Cultural de la Universidad de Lima.
Esta obra expone el drama de una mujer sumergida en los recuerdos de su niñez. Sus monologantes reflexiones alternan con la representación de diversos pasajes de su infancia; imágenes de su vida familiar desarrolladas durante la violenta época de los años ’80.
Para concretar los distintos espacios temporales el montaje se vale de una propuesta escenográfica plástica, arriesgada y funcional. El escenario semi vacío -solo se encuentran un par de tarimas y una escalera inconclusa- representa la vieja casa de la familia, hoy en decadencia. Pero sobre ella cuelgan sillones, bancas, mesas, muebles. Estos elementos descienden para ser parte de los recuerdos de la protagonista. Ello genera un ambiente de ensoñación, de fantasía y misterio, propios de la nostalgia de la protagonista.
Los recuerdos de la mujer se centran, principalmente, en las dinámicas que compartía con su abuelo. Así, salidas al parque, paseos en auto, o tardes de televisión, son representadas por una jovencísima actriz y un actor entrado en años. Estas escenas componen una atmósfera tierna y cálida, y ayudan a perfilar las características de un personaje entrañable: un abuelo cariñoso, protector, gracioso y dicharachero.

A medida que el montaje avanza la estructura dramatúrgica se complejiza. Pues, a la mencionada convivencia de distintos planos temporales se le suma la de diferentes niveles de realidad. Y es que, en los recuerdos de la protagonista, las lógicas se alteran para, por ejemplo, permitir que los vivos puedan discutir con los muertos.
De esta manera, se asientan nuevas convenciones sobre el funcionamiento de la memoria: inevitablemente fragmentaria, incompleta, discontinua. Y, desde esa lógica, la obra presenta un grupo de personajes cuya relación con la familia es diversa, pero que tienen algo en común: componen un cuadro de la época a partir del rol que les toca vivir durante el asedio terrorista que sufrió la ciudad de Lima.
Así, el empleado de la casa es miembro sendero luminoso, el mecánico sufre el robo del auto del abuelo (que será usado para una acción subversiva), el tío es víctima del atentado de la calle Tarata, un amigo muere producto de un accidente durante un apagón.
Esta secuencia de muerte y destrucción se desarrolla en paralelo al proceso de enfermedad, decadencia y deceso del abuelo. Y esta época triste y violenta, este tránsito de la ternura y la alegría a la tristeza y el horror, será el origen de los futuros temores e inseguridades de la protagonista.
Sin embargo, al llegar a este punto la acción de la obra se diluye. Y es que una vez expuesta la atmósfera de la época, la relación con el abuelo y el destino de los personajes, lo que sigue es una abundante presencia de discurso retórico por parte de la mujer.
De esta manera, mientras la protagonista expone reiteradamente su incapacidad para abandonar la casa, para dejar atrás sus recuerdos, para superar su tristeza, los diferentes personajes vuelven a aparecer. Esta vez lo hacen para despedirse y/o justificarse. Así, el tono inicial de misterio y ternura da paso a estado lastimero y edulcorado; en el cual todos los personajes se excusan de su comportamiento y reciben la indulgencia de la protagonista.
Es aquí donde ‘Recuerdos con el señor Cárdenas’ expone niveles desiguales en su dirección y su dramaturgia.
Y es que la puesta en escena logra componer con eficacia los diferentes planos temporales y niveles de realidad, desarrolla una inteligente cuota de misterio, a la que suma ternura y humor. Además de un fino pulso en la dirección de los actores (especialmente en las dinámicas entre la niña y el abuelo).
Y es que la puesta en escena logra componer con eficacia los diferentes planos temporales y niveles de realidad, desarrolla una inteligente cuota de misterio, a la que suma ternura y humor. Además de un fino pulso en la dirección de los actores (especialmente en las dinámicas entre la niña y el abuelo).
Sin embargo, la propuesta dramatúrgica pierde rumbo una vez que las situaciones de los personajes evocados concluyen. A partir de ese momento la obra cae en la redundancia del dolor, el discurso retórico y la tentación de la moraleja.
Y es que la convención inicial -una mujer estancada en sus recuerdos-, si bien resulta un interesante reto para una propuesta de dirección, termina entrampando su desarrollo en una letanía pasiva y lastimera.
(*) Imagen tomada de aquí.
Dramaturgia y dirección: Patricia Romero.
En escena: Alberto Herrera Jefferson, Víctor Prada, María del Carmen Sirvas, Lolo Balbín, Zoe Arévalo/Luciana Monteverde, Martha Figueroa.
Diseño de escenografía: Beatriz Chung.
Realización de escenografía: Alexander Sermeño Álvarez.
Recommended Posts

