CRÓNICA. La piedra oscura

-Pagarán por cada lágrima y por cada muerto, te lo aseguro.
– ¿Yo también?
– ¿Tú? ¿Cuántos años tienes?
– Voy a cumplir dieciocho.
– Los que te han obligado a estar aquí. Esos pagarán.
Y les perseguirá la vergüenza hasta el último de sus días.

En el Teatro de Lucía, bajo la dirección de Alberto Isola y la producción de Escena Contemporánea, se viene desarrollando la temporada de ‘La piedra oscura’; obra del multipremiado dramaturgo español Alberto Conejero.

‘La piedra oscura’ se inspira en los últimos días de Rafael Rodríguez Rapún, compañero sentimental del poeta y dramaturgo Federico García Lorca, antes de ser asesinado durante la Guerra Civil Española. Conejero, luego de un arduo trabajo de documentación, construye un relato ficcional que toma en cuenta nombres, fechas, lugares y sucesos reales.

La historia que propone ‘La piedra oscura’ se desarrolla dentro una habitación. En ella, Rodríguez Rapún despierta herido y bajo la vigilancia de un joven soldado.

El trato entre ambos personajes se inicia marcado por la mutua desconfianza. Pues, mientras el prisionero recibe evasivas a sus pedidos de información, al soldado le cuesta trabajo mantener el control de la situación debido a la insistencia y el desparpajo del detenido.

Sin embargo, una vez establecido el oscuro contexto en el que se encuentra Rodríguez Rapún -detención en un aparente centro de tortura, alta probabilidad de morir fusilado- la tensa relación entre prisionero y soldado empieza a sufrir variaciones.

Conejero construye a dos personajes que se encuentran en bandos contrarios, pero a los que les cuesta reconocerse como enemigos. Ambos están obligados a cumplir su rol y así lo hacen. Sin embargo, sus emociones, sus respectivas sensibilidades, y la consciencia de ser víctimas de una circunstancia histórica no elegida, debilitan la solidez del enfrentamiento tácito existente entre ellos.

Así, a medida que se hacen más profundas las grietas existentes en la relación soldado/prisionero, el texto ofrece cada vez más información sobre uno y otro. Ello descoloca al espectador respecto a las intenciones del protagonista: ¿juega con su vigilante?, ¿lo quiere engañar?, ¿busca huir?

El develamiento de estas intenciones llega acompañado de un aumento en la intensidad del intercambio oral y el incremento de las emociones puestas en juego. Así, se ponen en evidencia la culpa, el miedo a la muerte, la compasión, la injusticia y la indefensión.

Alberto Isola y Escena Contemporánea presentan un montaje cuidadoso y delicado, en el cual a cada elemento se le ha otorgado la debida atención para construir una atmósfera que contenga y potencie el trabajo de los actores.

Ello se observa en la elección de una sala que otorga al espectador una experiencia de proximidad con el hecho escénico; en la propuesta escenográfica que expone, con un minucioso estilo naturalista, una habitación sombría y descuidada; y en el diseño de luces que, además de colaborar con la progresión narrativa, compone ambientes plásticos y dramáticos.

Estos mismos elementos -sumados al diseño sonoro- acompañan y fortalecen la propuesta del director en su decisión de incorporar físicamente al personaje de Federico García Lorca. Éste, en el texto original se hace presente solo a través de una voz. En el montaje de Isola, su presencia otorga al espectador una pausa, un reposo estético, dramático y visual.

El trabajo de los intérpretes destaca por su fino manejo del pulso de las emociones y las intensidades dramáticas. Y es que en ‘La piedra oscura’ ambos personajes pasan por un proceso de transformación paulatina e irregular; rica en pequeños clímax, en avances y retrocesos; pues tanto el prisionero como el soldado son atacados intensamente por la razón y la emoción.

‘La piedra oscura’ es una obra que, pese a evidenciar su desenlace, no devela por completo hacia dónde se dirige. Tiene el mérito de dosificar la entrega de información y, sin recurrir a pirotecnia verbal ni grandes golpes de timón, mantener expectante a la audiencia.

Además de ello, pese a encontrarse ubicada en un contexto específico y referir a un personaje en particular, no requiere de un espectador especialista de la Guerra Civil Española o conocedor del trabajo de Federico García Lorca. La forma en que ha sido construida permite disfrutar de la historia de los dos protagonistas. Y ofrece la oportunidad de apreciar nuevas capas de complejidad a quien cuente con información más especializada.

‘La piedra oscura’ es una obra potente y sensible cuya presencia en la cartelera local resulta más que pertinente. Pues, además de los méritos artísticos ya señalados, los temas que la obra expone se encuentran en permanente tensión y vigencia en nuestra sociedad: la pugna entre la creación artística y las políticas de censura, el ocultamiento al que se ve forzada gran parte de la población LGBT.

Junto a ello, propone un paralelo entre las guerras fraticidas que vivieron España y el Perú durante el siglo XX. Señala con sutileza y convicción el drama de los jóvenes forzados a ser parte de una guerra que no era suya, la necesidad de memoria, justicia y reparación, y el reclamo por la búsqueda de millares de cuerpos desaparecidos.

(*) Imagen tomada de aquí.

(*) Más información sobre el montaje aquí.

Dramaturgia: Alberto Conejero.
Dirección: Alberto Isola.
En escena: Emanuel Soriano, Franklin Dávalos, Mario Ballón.
Diseño de escenografía: Marijú Núñez Malachowski.
Realización de escenografía: Víctor Ayala, juan Gutiérrez, Alfonso Vargas, Waldir Pereyra.
Diseño de iluminación: Rolando Muñoz.
Diseño de sonido: Omar Pareja.
Producción: Escena Contemporánea.

 

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