CRÓNICA. Los justos

Bajo la dirección de Rodrigo Chávez se viene presentando ‘Los justos’, el más reciente montaje de Soma Teatro, en la sala de la Alianza Francesa de Miraflores. El texto es una versión de Daniel Amaru Silva, sobre el original del genio francés Albert Camus.

Esta puesta en escena respeta el contexto y la anécdota principal de la obra de Camus. En ella, cinco jóvenes terroristas, en la Rusia pre revolucionaria, se preparan para la acción que concluirá en la muerte de El Gran Duque. Sin embargo, ciertos sucesos que impiden – inicialmente – que la acción se concrete ponen en evidencia las diferentes motivaciones y estados emocionales de los miembros del grupo. Ello genera que se expongan las contradicciones conceptuales y emotivas de estas personas; quienes plantean, paradójicamente, el uso de la muerte para la construcción de una mejor vida.

El montaje propone una escenografía simétrica, sobria y funcional. Una plataforma elevada, a la que se accede por escaleras laterales, divide el escenario en dos planos y dos niveles. El espacio conformado por el primer plano, a nivel del piso, sirve como el lugar donde se desarrolla la mayor parte de la acción: el escondite de los jóvenes terroristas. Con ello se logra que cualquier otra ubicación de los actores sea el ‘afuera’, lugares de exposición y peligro – la calle, la cárcel, el cadalso -.

Esta mención a la propuesta escenográfica no es gratuita. Pues, al definirse con rigidez un espacio principal, ausente de utilería alguna, ‘Los rendidos’ centra la atención sobre la enunciación de los textos y la relación de los personajes.

De esta manera, la voz de Camus llega a través de la representación de estos personajes cuyo encierro no solo es físico, sino también emocional. Y es que los diálogos muestran a personas que optan con convicción por la causa revolucionaria y, simultáneamente, se saben presas de ella; que aman al pueblo, pero no se saben amados por éste; que encuentran en el compañerismo la fortaleza para seguir adelante, mientras sienten que el estar juntos es parte de una condena.

Así, las razones y las dudas de los personajes ofrecen al espectador un acercamiento – a veces distante, a veces emotivo – a la psicología de estos terroristas. Un universo donde conviven el idealismo y el extremismo. Donde la utopía de luchar por un futuro que no se ve, que no se sabe si llegará, alterna con posturas radicales que proponen que «matar es mejor que no matar», o que la cárcel y la muerte son fines superiores y pruebas de lealtad.

Esta exposición de contradicciones permite ver al monstruo como lo que es: una persona. Una persona en el ejercicio de sus decisiones, en la lucha con sus propios dilemas, en la construcción de sus justificaciones. Muestra también cómo en ellas – las justificaciones – pueden cimentarse las bases de un pensamiento absolutista, mezcla de misticismo (cuasi) religioso y de sujeción a la violencia.

Por ello, debe destacarse lo pertinente de realizar este montaje – con estas temáticas – en un contexto como el peruano. En un país que ha sufrido del totalitarismo y la violencia de ‘sendero luminoso’, que tiene como herencia el negacionismo de importantes sectores de la sociedad frente a los crímenes cometidos por el Estado, o que muestra en la contienda electoral la existencia de muy pobres niveles de tolerancia y civismo, se hace urgente revisarnos en el ayer y en el hoy. Y notar cómo los discursos absolutistas no nos son ajenos; cómo la negación del ‘otro’ y la construcción de una verdad cerrada y parcial, siguen siendo parte de nuestro cotidiano social y político (representados con destreza – pero no únicamente – por el movadef, el radicalismo de izquierda, el fujimorismo y la propaganda pro extractivista).

Este montaje de ‘Los Justos’ opta por centrarse en el texto de Camus, proponiendo una teatralidad que se sostiene en el minimalismo y la construcción/representación de los personajes – destacando especialmente la dupla de opuestos conformada por Stepan (Renato Rueda) y Yanek (Fernando Luque) -. Sin embargo, esta apuesta se fortalece en el contexto local, el cual potencia a la obra…y el montaje le devuelve al espectador una ficción de hace más de 60 años que se refracta en un trozo de realidad.

(*) Imagen tomada de aquí.

(**) Más información sobre el montaje aquí.

Dirección: Rodrigo Chávez.
En escena: Andrea Fernández, Renato Rueda, Fernando Luque, Gonzalo Molina, Gabriel Gonzalez.
Dramaturgia: Albert Camus.
Versión: Daniel Amaru Silva.
Asistencia de dirección: Rodrigo Cano.
Producción: Gabriel Gonzalez, Fernando Luque, CCPUCP, Alianza Francesa y Soma Teatro.

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