
El pasado 8 de junio se inauguró la XXIX edición del Festival Danza Nueva, organizado por el Instituto Cultural Peruano Norteamericano. En el tradicional auditorio de la sede de Miraflores se presentó ‘Bárbaro’; obra dirigida por Franklin Dávalos y producida por Escena Contemporánea.
Este espectáculo, creado gracias a una residencia coreográfica en el Centro Danza Canal de Madrid (2016), está inspirado en el poema coreográfico ‘La Valse’ (1920) de Maurice Ravel. En dicha pieza los elementos melódicos aparecen por separado. Y, a medida que avanza, alternan y se superponen hasta llegar a un clímax sonoro intenso y violento. Dávalos elabora una equivalencia de la estructura de Ravel para la composición de su puesta en escena.
La primera parte muestra a cuatro intérpretes varones alternándose en la ejecución de breves secuencias de movimiento. Éstas se caracterizan por, pese a su diferencia, poseer elementos similares en cuanto a la duración, el desplazamiento y el uso de los niveles.
A medida que la obra avanza, la alternancia entre las secuencias se combina con la simultaneidad en su ejecución. Ello va generando una atmósfera habitada tanto por la individualidad de cada intérprete, como por la reproducción de patrones colectivos.
El peso de lo grupal toma un nuevo cariz a medida que, con diversos gestos y acciones, surgen momentos donde se censura la iniciativa individual. Así, las características particulares no deben alterar el molde de lo conjunto; se deben seguir las reglas lejos de cualquier muestra de disidencia.
De esta manera, con calculada sutileza, ‘Bárbaro’ construye una atmósfera opresiva a partir de la reiteración de patrones. Para ello se vale de la imagen, cuatro varones vestidos de manera uniforme y con similar corte de cabello; el sonido, la ausencia de música genera un ritmo uniforme a partir del ruido de los pasos y los traslados; y, cómo se explicó líneas arriba, el movimiento.
Así, en un escenario vacío, con iluminación general, y sin música de fondo, ‘Bárbaro’ nos presenta a estos cuatro hombres obligados a seguir un plan ajeno a ellos; determinados a comportarse de una manera preestablecida.
Para la segunda parte, el espectáculo propone una atmósfera diferente. La presencia de música, diseño lumínico, y de un nuevo discurso coreográfico invitan a una experiencia más próxima a la teatralidad (entendida ésta como el espacio de lo representacional).
Así, surgen escenas e imágenes donde la disidencia -vinculada, en un inicio, a la forma o al ritmo- se asocia a lo dramático; donde la distancia se enfrenta con contacto; donde la rigidez se confronta con la ductilidad.
La estructura coreográfica muta y se hacen más frecuentes los momentos de relación entre los intérpretes (cargadas, contacto, contra impulsos), así como la construcción de imágenes expresionistas.
De esta manera, el conflicto de género ante el cual gira la obra encuentra una nueva manera de mostrarse. Si en la primera parte prima una lógica de lo racional -mecánica, distante, fría-, en la segunda impera lo dramático. La lucha, la fuerza y el poder coexisten con la solidaridad, la compañía y la ternura.
Esta convivencia entre opuestos progresa paulatinamente; pero esta vez, hasta llegar a convertirse en un solo universo. Uno donde lo individual y lo colectivo, la censura y la particularidad, lo rígido y lo tierno, alternan en un camino inexorable hacia el clímax. Éste llega en forma de belleza y devastación, con los cuatro intérpretes desbaratando un piano a golpe de martillo.
‘Bárbaro’ es un espectáculo inteligente y sensible; racional y emocional. Distribuye con delicadeza los elementos que construyen su sentido y, una vez expuestos, los lleva al límite.
‘Bárbaro’ descentra y exige al espectador. A su inicial ‘ausencia’ de luces y de música le suma una propuesta coreográfica discontinua, llena de ‘stops’ y caminatas. Propone, a lo largo del montaje, un universo del desconcierto, un rompecabezas de sentidos. Pasa de una propuesta inicial cercana a lo performático -donde se ejecuta-, a una vinculada a lo teatral -donde se interpreta-; para concluir con un espacio fronterizo (cuando destruyen el piano, ¿actúan?, ¿accionan?, ¿interpretan?).
‘Bárbaro’ replantea la tradicional relación entre la danza y la música académica. Se apropia de la propuesta estructural de una pieza de doce minutos para componer un montaje de alrededor de una hora.
Asimismo, toma el sentido poético de la composición musical para plantear una abstracción reconocible y urgente de poner en discusión: la problemática del género desde lo masculino.
De esta manera, la propuesta de Dávalos expone, con el ejemplo, contradicciones necesarias para la escena local: se puede tomar referencias tradicionales y ser de avanzada; se puede ser abstracto y tener algo que decir.
(*) Imagen tomada de aquí.
(**) Información sobre el XXIX Festival Danza Nueva aquí.
Creación, coreografía y dirección: Franklin Dávalos.
Asistencia en dirección y entrenamiento en danza: Adriana Albán.
Intérpretes: Roly Dávila, José Luis Urteaga, Nicolás Valdés, Franklin Dávalos.
Música: Georg Philipp Telemann, Maurice Ravel.
Atmósfera sonora: Esteban Varela.
Diseño de piano de utilería: Juan Sebastián Domínguez.
Realización de piano de utilería: Víctor Ayala.
Producción General: Escena Contemporánea.